Textos: Isabel Contreras Fernández Fotografías: Rafael F. Peinado Mena

 

 
         
 
 
     
 

Si alguien abre la ventana de mi diario y lo lee, espero que no lo divulgue a los cuatro vientos, son cosas íntimas. En un diario se escribe lo que se piensa, o la sensación de un momento ante una circunstancia y no tiene nadie que estar de acuerdo, pues seguramente yo misma, mañana o cualquier otro día pensaré de forma diferente. Lo que a los 15 años hace sufrir, a los 30 es una niñería y por lo que luchas a los 30, a los 60 ya no es tan importante.

 
     
 
 
     
         
 

Estoy contenta de haber pasado mi niñez en La Mela, fue sencilla y haciendo lo que un niño tiene que hacer, jugar. Fui mimada por mis padres y mis hermanos y querida por muchas otras personas. Fuera del entorno familiar hay una persona especial en mi vida, el tío Rafael, para mí "un señor". El me contó anécdotas de su vida e historias que yo no contaré,  porque eran íntimas y él me las contaba para que yo las supiera.

Fueron los años 80 y  los 90, años de Mela: comidas, teatros, tertulias..."noches de ver salir el sol", días con siestas de muchas horas.

Ahora mis necesidades son otras: necesito mirar lo que no he podido ver con las prisas de unos años más jóvenes, necesito mirar desde el sosiego, la tranquilidad y la tolerancia que me dan los años, aunque a veces ese mirar  me trae un gran pesar.

   
 
 
 
         
         
 

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